Me llenaste los oídos de susurros, me diste sonrisas a cambio de conversación. Remplacé mis amores a cada cambio de labial. Empecé de cero en más de una ocasión. Tantos hombres que taché de mi lista, borré hasta recomenzar y contar de nuevo, reconstruí lo que había perdido, traté de inventarme nuevos finales. Lo logré.
De algo estaba segura, entre historias nunca he estado sola y necesitaba encontrar situaciones que valiera la pena escribir. Lo hice. Escribí compulsivamente, describiendo hasta el más mínimo detalle que se me presentara, cada palabra cruda haría de los días un hervidero de sangre incontrolable. No puedo culpar a nadie de tan cínico acto, la primera equivocada era yo. Yo que siempre he sido impulsiva y estúpida para eludir un mundo paralelo que estaba muy lejos de querer olvidar. Ellos nunca fueron los culpables, aquellos que me llamaron fría sin entender que en extremo se transformaba en fuego que quema, que arde, que consume todo a su paso.
Cerré los ojos tranquilamente a fin de no pensar más, para no mirar lo que ante mi se disolvía con el paso de la lluvia, observando los amores tardíos y esperando(te) sin mirar ningún reloj. Ya no importaba, era tarde. Sin esperanza pero tampoco miedo. Terminando con un sobresfuerzo físico el dibujo al que le resté el rostro.
Lo encontré, sin notarlo ni escribirlo. Un personaje necio, estúpido e irritable, pero librando las mismas guerras que yo. El de ojos cansados y tiernos, sonrisa discreta y labios dulces, seductor noche y lector de madrugada. Él que se convierte en músico sin ningún instrumento que lo acompañe, apasionado por la vida e intrigado por la muerte. Detective de arte y de cuerpos, máquina de risas los 365 días del año. Él, que día a día me rodea con sus brazos y se vuelve freno contra mis peores locuras. Él, único campeón en seducciones y susurros. Él, antagonista y protagonista, tiempo, espacio. Muerte, delirio y miedo. Cazador de melodías. Órgano reproductor y espejo roto. Él, me escribió lo impronunciable y me sedujo hasta provocar en mi un llanto incontrolable.
El me amaba mientras yo, terminaba la historia.
