miércoles, 1 de mayo de 2013

Otra taza de café, por favor



A ti, extraño confidente, amigo. 

Y ahí estabas de nuevo, sonriendo, alejándote, acercándote - como de costumbre  temeroso y desconfiado. Tus huídas y regresos no eran nuevos para mí. No vengo ante tí con un reproche, un llanto manipulador o palabras fingidas que de nada sirven en este instante. Evidentemente no era el momento, y es verdad, no estamos para perder un tiempo que no tenemos: sin mentirnos, todo volverá a ser como antes. Tú, te olvidarás de todo, mientras yo echo de menos al incauto, novelero y apasionado hombre que conocí. mientras le leía mis letras, sentados en un café. 

Habrá más personas, más rostros: acertaremos, nos equivocaremos de nuevo. Entenderemos muchas cosas, y seguiremos negando otras. Me resbalaré con tu voz que se diluye con el sonido de tu guitarra, te arrojaré al fondo, en silencio y con palabras tiernas, limitaré la tentativa, escasa, casi inútil sequedad ante tí. Interpretaremos de manera subnormal las nuevas reglas, los nuevos pactos, palabras desconocidas con mejores y altivos significados presuntuosos, se harán presentes entre nostros, como una barrera que vislumbramos desde el prólogo, y entendimos en nuestro inminente epílogo. 

Siempre reapareces con alusiones directas, impides la llegada de mis ansiedades, de mis manías: las soportas, no las soportas, las cuestionas mientras me compartes melodías, que me dicen lo que tú nunca te atreviste a sostenerTe volvería a decir cada una de las palabras que has escuchado de mi, lo haría así, o de otras mil formas similares. Pero ya no nos quedan fuerzas, nuestras extremidades están cansadas, huyen con el movimiento del reloj. 

Intento -inutilmente- entenderte, me vuelvo vulnerable hasta límites que jamás creí permitirme. Las fotografías  siguen proyectándose en cámara lenta, fingiendo una pausa que nunca existió. Me dices taciturna, y se vuelven un vicio las palabras desconsideradas entre nostros, cierras los ojos para guardarte de mi. Y yo leyéndote poesía, y tú haciendo promesas, mientras das una vuelta al mundo que no demorarías en perseguir. 

Ahora viviré cómoda en tu recuerdo, como un choque utópico en tu vida: echándote de menos y disfrutando de tu huída. Seguiré cuestionando los días que no transcurrieron por nostros, e imaginando los besos que no nos dimos, y arrancándome el insomnio por las partidas. Inventaré nuevas historias, negociaremos nuestras visitas, discutiremos -como es costumbre- por estupideces que terminen en frases echas, cargas de romanticismo. 

Cambiarás mi Ciudad por la tuya, me harás -de nuevo- mirar objetivos reales, me vestirán tus palabras bonitas: tus escondites y tu repentino fantasma que se aparece sin decir una sola palabra, te llevarás todo el tiempo en tus manos. Rodarás por las calles de distintas manos, que entrelazan las tuyas, te cubrirás de mujeres que hablen de maquillaje, de zapatos costosos, que se emocionen con una rosa, que canten contigo las canciones de la radio. Y tú, fingirás una sonrisa a cambio de palabras bonitas, y yo voltearé el rostro y guardaré silencio, tú seguirás. 

Claro, podrás olvidar todo cuando termines de limpiar tus lágrimas, mientras yo seco las mías con un poco de café negro y pedazos de hoja. Claro que si, lo entiendo, encontraremos la palabra precisa, el momento justo. Nos temblarás los dedos mientras escribimos cartas que jamás entreguemos. Tomaremos las decisiones sencillas y contaremos cuentos largos, y me convertiré en la mujer inevitable, y repetirás mi nombre mientras caminas al jardín, mientras te preparas un café, mientras tomas un buen libro o escuchas una melodía que te haga llorar. Tomarás tu vida con dedos firmes, sonreirás y disfrutarás cada minuto, y tal vez, solo tal vez, te acuerdes de mi...