
Era como si la luna se enamorara del encanto del sol, como si los paisajes tuvieran de nuevo los mismos colores.
Era como el rumoroso olor del café y de repente descubriera nuevos aromas en el aire.
Era como si brotaran de mi, pensamientos de alegría y paz dentro de un mundo lleno de trivialidades.
Era como amarlo sin pedirle permiso, incluso, sin pedirle permiso a mi propia razón confundida y llena de dudas por todo y todos.
Era como la dulzura de este amor que trasciende cualquier imagen en mi memoria.
Era como si todo a mi alrededor se volviera mi cómplice, mi amigo y enemigo en todas las situaciones.
Era como si todo dentro de mi me hablara tratando de imponerme que hacer y que no.
Era como si esos zapatos desgastados y viejos esperaran que su dueño volviese a utilizarlos.
Era como si a la edad avanzada de 90 años te sentaras a contemplar todo lo que puede acercarse a ti sin necesidad de buscarlo.
Era como una vida juntos llena de fotografías y letras.
Era como cerrar los ojos y pensar en él.
Era como mi deseo cotidiano de entender cada linea y decirle cuanto le amaba, cuando le amo.
Era todo y nada a la vez, era vida y muerte, tranquilidad y locura, era amor y lágrimas.
Era, es y será todo, siempre.
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