Al cerrar los ojos aún podía ver tu rostro. Unos dicen que era un sueño, otros una ilusión; sin embargo yo sigo pensando que eras real, eran tan mío de nuevo como siempre, como hasta ahora. Bastaba recordarte para que volvieras a mí -siempre tuvimos ese beneficio del resto-. Y aquí estabas a mi lado, en el lugar de siempre, tomando mi mano con furia, cansados e inseguros de tocarnos por miedo a rompernos. De nuevo escuché tu voz, aunque no puedo recordar de qué hablábamos, así que fue más fácil interponer el silencio y cargar con los restos de ti que guardabas en una maleta llena de libros, que cuentan las historias que tú nunca te atreviste a vivir. Te diste la vuelta y mientras me dabas la espalda yo sabía que estabas insatisfecho y necio, pensando tu huída no era premeditada. Querías quedarte a mi lado, pero al mismo tiempo ambicionabas conocer un mundo del que tú creías que te estaba privando. Yo no te hablé, ni grité, ni siquiera pronuncié las promesas que estaba acostumbrada a hacerte, me quedé en silencio esperando escucharte de nuevo, sin decir una palabra en nuestro interminable juego de amor sigiloso. Te diste la vuelta y me desnudaste sin tocar mi cuerpo, sin ver mi piel expuesta al sol. ¿Cuánto tiempo habrá transcurrido antes de que me rozaras con tanta intensidad e insistencia?, mis ojos entendían que la mirada de repudio que exponías se debía a tu brutalidad disfrazada de adoración. Y entonces, mientras te apiadabas de lo único realmente honesto en tu vida, yo renunciaba, habías superado mis límites y mi respiración era pausada: ya no podría tocarte de nuevo, besarte y morderte los labios se convertía en utopía en mi vida, mi cuerpo se paralizó y ya no podía acercarme. Había una lluvia torrencial que quería escapar de mi cuerpo, no encontré salida así que mis ojos se veían cansados y torpes al contemplarte, traté de ser heroica pero me faltó vuelo, así que caí. Cuando bajé la mirada para ver el suelo inundado por mi tempestad, encontré una fotografía de una mujer como yo. ¡No lo podía creer...era yo!, pero no era la misma que hoy se veía en el espejo, todo se había transformado desde tu llegada. La angustia disminuía en cada suspiro, ya poco importaba si volvía a verte o no, te habías quedado -finalmente lo conseguí-. Podría borrar tus palabras, tus caricias por la mañana cuando mi cuerpo erizado se iluminaba, podría olvidar tus mil nombres, tus máscaras y tu confusión, podría borrar de mi mente tus labios que encajaban a la perfección con los míos, y también podría olvidar mi cabello moviéndose cuando lo apretabas con fuerza mientras te acercabas lentamente. Sin embargo jamás podría desvanecer tu risa que se guardó en la habitación, el olor de tu tabaco favorito, tu libro de poemas y tu CD favorito, tu enseñanza, tu aprendizaje y tu apego por mis estupideces, no podría olvidar tu mirada de adoración cuando caminábamos juntos, o cuando bailábamos mientras todos observaban.
Cuando solté tu mano apreté mis ojos con fuerza para sentir que todavía podía tocar una parte de mi cuerpo sin sentir dolor. Entonces abrí los ojos y me di cuenta que estaba en el mismo lugar, en el mismo sueño...pero tú ya no estabas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario