Andan por el mundo, locos, tumbándose en el viento.
Dejan estrellas a su paso y melancólicas tardes,
dejan sobre el pavimento huellas de sus movimientos sinuosos,
cantando canciones que no han compuesto e historias que no han contado.
Se miran, se besan, se tocan (alocadamente),
dejan atisbo de un "te amo" entre el aire que separa sus labios próximos a unirse.
Se escribian con palabras que nadie pudo entender,
les lanzaban sonrisas de lejos, intentando compartir con ellos un momento.
Se abrazaban con picardía y obsesiones.
Ellos ya no hablaban por falta de palabras lúcidas,
ellos no reían ni lloraban,
cayendo en el mundo del que escapaban -entre vuelos-,
hablaban de "te amos" sobrecargados de despedidas crudas y despiadadas.
Su mundo se desvanecía, se fundía -se fundían-,
se privaban de la realidad, sus besos, sus abrazos.
Todo era un momento a solas y una palabra jamás pronunciada.
Era amor entre signos de interrogación y colores destilados.
Ellos vuelan en la mente porque ya no se observan en el aire,
llegaron tan alto que les costaba trabajo respirar.
Abrían sus bocas de lodo, ya no se reían,
Se convertían en poesía en manos de un escritor.
Sus títulos describían sueños fugaces,
poco nítidos, irreales.
Sus versos comenzaban con un "te amo",
y terminaban con un insensato "te quiero".
Sus vuelos ya no eran suyos,
se regalaban pasos fríos,
un espacio vacío entre las calles alborotadas,
su cama estaba tendida y siguen dejando calor a su estela.
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