Cada vez que te escribo e imagino que todas estas líneas las
tendrás junto a ti, acompañándote cuando sientas ganas de recordarme, de
sentirme cerca, de leerme, no puedo
evitar sentir una emoción que no podría explicarte.
Tenía tiempo que no lo hacia, que no nos habíamos dicho
nada. Y te extraño, te extraño como no puedes imaginarlo. Contigo comparto más
de lo que podría permitirme, contigo puedo sentir que vale la pena recordar un
rostro y una charla trivial. Lo que siento cuando te escribo, cuando te veo o
te escucho es algo que no tengo con ninguna otra persona. Basta cerrar los ojos
para dibujarte en mi memoria, para pensar en ti.
No puedo evitar imaginar toda una vida esperándote a la hora
de cenar, contándote mi día, describiéndote los lugares por donde camino y los
innumerables rostros ajenos que me encuentro al pasar. No puedo evitar imaginarte leyendo cada noche
a mi lado, y yo interrumpiéndote a cada instante para compartirte en voz alta
frases que me gustaron, para besarte después. Quiero quedarme así para siempre,
huir de la monotonía junto a ti. Abrazarte antes, durante y después de dormir.
Quisiera que fuéramos reales, pensé en escribirte algo que me hiciera
completamente feliz. Ahora lo estarás leyendo y lanzarás una pequeña risa al saber que tú eres ese
motivo. Siempre has sido el motivo.
Quédate, quédate siempre, déjame esconderme en tu pecho.
Todavía nos quedan muchos días y muchas luchas. Yo te escribiré mientras
conserve líneas que lleven tu nombre, mientras te vas colando en cada uno de
mis pensamientos. ¿Puedes imaginar cuántas veces me siento a escribirte?, yo,
sin saber qué decir te escribo, te escribí antes de conocerte, pensando que
todo es efímero y que lo único que nos salva son las palabras.
Escríbeme, mi niño. Escríbenos en poesía, en cuento, en
música. Encuéntranos en tus líneas escritas y leídas. Enamórate del amor por la
razón que sea, solo porque está. Encuéntrate dispuesto a conquistar todas las
noches, dedícate a soñar cómo sería cada una de tus vidas, vete a lugares
distintos y escribe como solo tú sabes hacerlo.
Yo solía atarme sin cuerda pero después te encontré sin
buscarte, me enseñaste a sobrevivir a la vida con música, con libros leídos y
releídos, con una sonrisa por la mañana y una más antes de dormir. Me reconocí
en tus palabras y silencios (que eran bastantes), me vi en cada una de tus
miradas –cargadas de ojeras por trasnocharte leyendo poesía- . Me encontré
desprotegida y tú quisiste ser héroe sin título, y lo fuiste, lo sigues siendo.
Porque mientras yo platicaba de mis días turbios tú me regalabas una sola
palabra que todo lo transformaba, nos hacíamos promesas. Desde entonces nos
convertimos en “nosotros”. Ahora todo lo disfruto más: pasear por la Ciudad, encontrar amantes en
cada esquina, imaginarnos (dos cuerdos que se vuelven locos juntos). La
sensación de mariposas en el estómago.
Porque quiero convertirme en tu inspiración, tu musa, tu
maga, tus mil nombres y rostros. Tus “buenos días” cada amanecer y tu beso de
buenas noches.
Amor, enamórate de nuevo, en cada encuentro. Pronto nos
descubriremos. Tus ojos ya no serán tristes jamás. Nos hablaremos sin decir una
sola palabra, me perderé en tus brazos. Te acariciaré el cabello y me quedaré a
tu lado porque ahí es donde quiero estar. ¡Cuéntamelo todo!, y nunca olvides
que aquí estaré esperando tus respuestas, para salir al mundo y conquistarlo.
Recordarás que aún tenemos momentos para sonreírnos. Nos
quedan doscientos libros por leer, olores a té y café por la mañana y sábanas
alborotadas al ocultarse el sol. Aún nos quedan muchas locuras juntos y
caminatas por los parques. Aún nos queda toda una vida. Un infinito libro de
poesía que escribiremos en nuestros cuerpos. Finalmente la vida es eso: esperar
que algo pase. Hagamos que suceda, yo esperaré tus susurros.
Se feliz todos estos días. Sonríe, lo mejor está por llegar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario