miércoles, 23 de enero de 2013

Belleza en el aire

A ella: mi amiga y cómplice entre vuelos. 
A Claudia 

 
 Su alama cae en la profundidad de las palabras que hoy escribo, su sonrisa juega con el aire a susurrar sueños. Viaja por la casa semidesnuda y bañada en recuerdos. Le teme a la proximidad del reloj,  pero sobrevive con besos constantes y pasiones incontrolables. 

Esa mirada que atormenta a las estrellas por la irradiante luz que emite.  Sus brazos se calientan y adormecen los temores ajenos. Su figura, su paz y alegría se distinguen cuando la ventana apuñala la sombra. Tiene frío, sube y sube hasta alcanzar el extremo del reflejo nocturno. 

Mujer altiva y despreocupada, coleccionista de muecas y temerosa constante. Se consuela con la muñecas y juega al cuento sin final. Se debate entre el movimiento o la estabilidad de sus pasos. 

Recoge pedazos en blanco para llenarlos de color. Canta con calma, la osadía de encontrarse sola, sola y rodeada de manos. Le salen manos por los ojos, los labios, por la hermosa transparencia de su suave piel. 

¡Despierta, mujer dormida!. Acércate a las calles, y baila en el aire, muestra tus movimientos al mundo que observa la figura que dibujas en el cielo. Deja evidencia de tus pasos por la vida. Rompe el hierro de tus tobillos y vuela

Haz el amor en el aire, emborráchate con licor de memoria, asfixiate de la pasión que se puede tocar, sentir y olvidar; los ríos y los árboles te esperan. Risueña incontrolable, es tiempo de caminar. Te encontraré entre historias y te dibujaré llena de colores. 

Querida mía, no muevas la cabeza para mirarme. Yo estaré siempre, viéndote, abrazándote, haciendo música para que la escuches y creando historias para que las vivas. Tú, llora, ama, ríe y sueña. Antes de que caigas de la cama y te descubras despierta y con los ojos totalmente abiertos. Vive, mientras el día siga regalándote destellos de luz. 

Enero,2013 


martes, 22 de enero de 2013

Tengo miedo de ser mala

Para aquel entonces ya había perdido forma, su nombre se había borrado, parecía que su imagen era un simple espejismo roto. Y por instantes, ella se iba por la vereda a buscar los pedazos que faltaban. Su cuerpo estaba fragmentado.

Yo la observaba de lejos. Me gustaba verla escapar, siempre se veía triste, impaciente por llegar a otro lugar. Su elevado gusto por el café y por la huida, me enamoraron. Amaba verla alejarse, eso era: fugaz, mezquina y egoísta. Y yo, yo era su fiel observadora. La contemplaba en la despedida, la encontraba en el adiós, y sin hallar frases para saludar....se marchaba.

Me di cuenta -muy tarde- que la música que producían sus pasos, se hacia presente en un mundo lleno de movimiento: ¿cómo olvidar su estela, cómo perderme en su titubeante mirada?. Era natural que me amara, que se aferrara tanto a mí, transgredía su propio amor, su imagen, su vida. 

Aún recuerdo mi cabeza inclinada, observando el suelo, esperado ver sus pies de regreso. Mi súplica silenciosa que la inivtaba a volver a mí, pero al mismo tiempo esperaba con ansia su partida. Su inminente despedida. 

El tiempo ya sabía a soledad, a café frío y a colores desteñidos. La vida se volcó en nuestra contra, desnudando nuestras palpitaciones lentas y exponiendo nuestro más grandes temores. Mi imagen ultrasensible por el insípido sabor a vacío, quería seguir pensando que nos amábamos, que no desaparecíamos. Que nuestros cuerpos seguían acostumbrados al salvaje movimiento, a la impaciencia que nos librara de la más terrible y aburrida historia. 

La idolatraba, y esperaba en la agilidad de los ríos, y en la quietud de las rocas, su hermosa figura. Al llegar la noche la vi, ahí, como siempre, incontrolable y terca. Manipulando mi cabeza más allá de lo que mis pupilas construían, más allá del suelo y subyugada locura. Más allá de lo que era ella, de lo que era yo o -peor aún- de lo que éramos juntas.

Ella regresó -después de una larga espera- y pude verla...otra parte de mi. Era yo en mis amaneceres sin rostro, era yo sin temores y entera. Era una mujer escondida en mi sombra, era oscuridad aún con la luz del sol. Era yo en todo y hoy...la veía partir. 



Enero,2013

jueves, 10 de enero de 2013

A ellos


Te escribo para que conviertas mis pensamientos en suspiros .
Te escribo para que la piedra convierta en aire mi voz mermada.
Te escribo, contemplando la imperturbable oscuridad que acaricia la noche y que se encadena a la reluciente pureza de mis manos atadas.
Mis oídos se ensordecen ante la tranquilidad enloquecida.
¿Cómo no perderme ante la elegancia de la súplica?
Todo...tan patéticamente poético. 
Tu salvaje amor desenfrenando palabras y tu frenética sonrisa en el impaciente silencio.

Querido...somos felicidad que se otorga desintegrando las mierdas autocompasivas y el maquillaje malintencionado.
Amoldando las ideologías del inaudito juego de quejas. Somos suspiro, somos infinito, somos un mundo que duele, y mordemos párpados que sangran ante los humos y la pureza del vulgar olor a madera.
Somos poesía juntos y en cuerpo escribimos versos.
Somos amor que prevalece aún con la caída del ocaso.
Somos todo y nada, somos el presente próximo y el pasado olvidado.
Somos la prudencia de un grito moribundo.
Somos jaula sin llave, nubes negras y el umbral inquebrantable que llena la vida.
Somos estrellas en el cielo y mariposas en la tierra.

Somos muerte, somos vida, somos los que estuvieron siempre.
Somos la palabra que se escribe y el violín insonorizado.

Somos amor, vida y explosión. Somos y seremos siempre dos. 
Enero,2013