A ella: mi amiga y cómplice entre vuelos.
A Claudia
Su alama cae en la profundidad de las palabras que hoy escribo, su sonrisa juega con el aire a susurrar sueños. Viaja por la casa semidesnuda y bañada en recuerdos. Le teme a la proximidad del reloj, pero sobrevive con besos constantes y pasiones incontrolables.
Esa mirada que atormenta a las estrellas por la irradiante luz que
emite. Sus brazos se calientan y adormecen los temores ajenos. Su figura, su paz y alegría se distinguen cuando la ventana apuñala la sombra. Tiene frío, sube y sube hasta alcanzar el extremo del reflejo nocturno.
Mujer altiva y despreocupada, coleccionista de muecas y temerosa constante. Se consuela con la muñecas y juega al cuento sin final. Se debate entre el movimiento o la estabilidad de sus pasos.
Recoge pedazos en blanco para llenarlos de color. Canta con calma, la osadía de encontrarse sola, sola y rodeada de manos. Le salen manos por los ojos, los labios, por la hermosa transparencia de su suave piel.
¡Despierta, mujer dormida!. Acércate a las calles, y baila en el aire, muestra tus movimientos al mundo que observa la figura que dibujas en el cielo. Deja evidencia de tus pasos por la vida. Rompe el hierro de tus tobillos y vuela.
Haz el amor en el aire, emborráchate con licor de memoria, asfixiate de la pasión que se puede tocar, sentir y olvidar; los ríos y los árboles te esperan. Risueña incontrolable, es tiempo de caminar. Te encontraré entre historias y te dibujaré llena de colores.
Querida mía, no muevas la cabeza para mirarme. Yo estaré siempre, viéndote, abrazándote, haciendo música para que la escuches y creando historias para que las vivas. Tú, llora, ama, ríe y sueña. Antes de que caigas de la cama y te descubras despierta y con los ojos totalmente abiertos. Vive, mientras el día siga regalándote destellos de luz.
Enero,2013

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