lunes, 30 de diciembre de 2013

Porque prefiero escribir que hablar

Estamos en espera de aquellos juramentos que nos hicimos de compartir amaneceres prometedores, sueños inquebrantables y realidades manipuladas. Somos parte de otros 365 días –o tal vez menos- en los que las palabras se diluyen con un poco de viento, y las promesas cada vez se van restando. Somos aquellos hombres y mujeres que anhelamos soportar las peores crueldades, y recuperar el aliento con una sonrisa (des) dibujada . Somos aquellas fotografías desgastadas con los años, y el reflejo en el espejo que se distorsiona con los días. Somos los cobardes que agacharon la cabeza por no encontrar motivos para continuar.

Aquellos que no amaron, que no besaron, abrazaron o tocaron por miedo a enloquecer, a pesar de conocer –y no disfrutar- la mejor locura de todas: la vida. Nos volvimos predecibles, intolerantes, necios, altivos y cobardes. Permitimos que cualquiera nos dijera cuáles son nuestros límites y nos obligaron a creer en un mundo que renuncia, que cambia las reglas antes de empezar el juego, que se pica los ojos para llorar y se golpea para tener moretones en todo el cuerpo.

Hoy se nos permite equivocarnos de nuevo, reparar lo que rompimos y adquirir nuevas metas (que probablemente no se cumplirán). Hoy volveremos a prometer con la palabra que se esconderá detrás de los suspiros prolongados, y las miradas seguirán siendo con los ojos cerrados. Intentaremos ser el ingenioso que escucha al idiota, el prudente que habla con los locos, el optimista que escucha al deprimido, el soñador que le suplica un momento a la melancolía, el luchador que levanta la vista y se ríe del solitario. Seremos aquellos que solo hablan para decir: te comprendo, te amo, te escucho, te ayudo… pero siempre acompañado de un “pero”.  Hoy se nos ha permitido hacer promesas que nunca se cumplirán, planear una vida que nos cachetea cuando levantamos la cara, decir verdades a medias y dejarnos arrastrar con el viento.

Tenemos un día más para buscar el amor, como si fuera un objeto desechable. Un día más para presumirnos valientes con un nudo en la garganta, de consumirnos y congelarnos con la misma prisa con la que olvidamos. Tenemos otras miles de horas para malgastar en cuestionamientos absurdos. Y mientras buscamos las fuerzas para volver a los lugares donde nos sentimos seguros, dejando las huellas de los últimos recuerdos.

Y si algo hemos aprendido en tantos años es que nunca tendremos suficientes palabras, suficiente tiempo y ganas para cambiar nuestros días. Y tal vez nos olvidaremos de más caras, nombres, letras, susurros, direcciones, sabores,olores, llamadas, amores y amigos… nos olvidaremos de las mejores sensaciones y las sustituiremos por provocaciones vacías, dejaremos de recordar y fallaremos más de lo que intentaremos. Perderemos la cabeza por cosas que no conseguiremos,

Así que podemos continuar con la rutina, con los juegos y seguir perdiéndonos en este mundo de aventuras. Mientras conservamos un hilo de buenos recuerdos y momentos, de exageraciones y risas escandalosas.  Nos daremos la oportunidad de enamorarnos, de equivocarnos y seguir disfrutando como si fuera el ultimo día. Tenemos el permiso –no solo hoy- de que todo a nuestro alrededor no sea más que una enseñanza de la vida, esa vida  que nos estamos perdiendo.

-Valeria Quiroz- 

domingo, 27 de octubre de 2013

Diarios que no se olvidan

Al cerrar los ojos aún podía ver tu rostro. Unos dicen que era un sueño, otros una ilusión; sin embargo yo sigo pensando que eras real, eran tan mío de nuevo como siempre, como hasta ahora. Bastaba recordarte para que volvieras a mí -siempre tuvimos ese beneficio del resto-. Y aquí estabas a mi lado, en el lugar de siempre, tomando mi mano con furia, cansados e inseguros de tocarnos por miedo a rompernos. De nuevo escuché tu voz, aunque no puedo recordar de qué hablábamos, así que fue más fácil interponer el silencio y cargar con los restos de ti que guardabas en una maleta llena de libros, que cuentan las historias que tú nunca te atreviste a vivir.  Te diste la vuelta y mientras me dabas la espalda yo sabía que estabas insatisfecho y necio, pensando tu huída no era premeditada. Querías quedarte a mi lado, pero al mismo tiempo ambicionabas conocer un mundo del que tú creías que te estaba privando. Yo no te hablé, ni grité, ni siquiera pronuncié las promesas que estaba acostumbrada a hacerte, me quedé en silencio esperando escucharte de nuevo, sin decir una palabra en nuestro interminable juego de amor sigiloso. Te diste la vuelta y me desnudaste sin tocar mi cuerpo, sin ver mi piel expuesta al sol. ¿Cuánto tiempo habrá transcurrido antes de que me rozaras con tanta intensidad e insistencia?, mis ojos entendían que la mirada de repudio que exponías se debía a tu brutalidad disfrazada de adoración. Y entonces, mientras te apiadabas de lo único realmente honesto en tu vida, yo renunciaba, habías superado mis límites y mi respiración era pausada: ya no podría tocarte de nuevo, besarte y morderte los labios se convertía en utopía en mi vida, mi cuerpo se paralizó y ya no podía acercarme. Había una lluvia torrencial que quería escapar de mi cuerpo, no encontré salida así que mis ojos se veían cansados y torpes al contemplarte, traté de ser heroica pero me faltó vuelo, así que caí. Cuando bajé la mirada para ver el suelo inundado por mi tempestad, encontré una fotografía de una mujer como yo. ¡No lo podía creer...era yo!, pero no era la misma que hoy se veía en el espejo, todo se había transformado desde tu llegada. La angustia disminuía en cada suspiro, ya poco importaba si volvía a verte o no, te habías quedado -finalmente lo conseguí-. Podría borrar tus palabras, tus caricias por la mañana cuando mi cuerpo erizado se iluminaba, podría olvidar tus mil nombres, tus máscaras y tu confusión, podría borrar de mi mente tus labios que encajaban a la perfección con los míos, y también podría olvidar mi cabello moviéndose cuando lo apretabas con fuerza mientras te acercabas lentamente. Sin embargo jamás podría desvanecer tu risa que se guardó en la habitación, el olor de tu tabaco favorito, tu libro de poemas y tu CD favorito, tu enseñanza, tu aprendizaje y tu apego por mis estupideces, no podría olvidar tu mirada de adoración cuando caminábamos juntos, o cuando bailábamos mientras todos observaban. 

Cuando solté tu mano apreté mis ojos con fuerza para sentir que todavía podía tocar una parte de mi cuerpo sin sentir dolor. Entonces abrí los ojos y me di cuenta que estaba en el mismo lugar, en el mismo sueño...pero tú ya no estabas. 



viernes, 27 de septiembre de 2013

Para hablar de letras

Para hablar de Literatura y éste itinerario tormentoso de las letras, era necesario empezar por describir mi gusto por la palabra ¿Por qué digo tormentoso?. Porque precisamente el espacio donde se puede compartir un mismo tiempo, lugar, emociones y pensamientos está ligado enteramente a las contradicciones humanas. Y todo eso resumido en un libro, en palabras de Wolf, Blake, Bukowski, de Huidobro y otros miles de autores que su simple nombre es impronunciable.

De ahí, de ese sumario de conductas viene mi imprescindible necesidad de expresar mis tormentos por medio de la Literatura, de ahí la determinación de dedicar mi vida a encontrar letras en todo: en la música, en los libros, en un cuaderno de notas, en todo. Ante tales circunstancias era necesario hilvanar sistemas ideológicos que se adecuaran a mis necesidades pragmáticas, y buscar sin fin la oportunidad de compartir la escena con aquello que ya se describen como “escritores consolidados”.

Y entonces, en este ejercicio de búsqueda descubrí algo curioso. Los escritores, eruditos, los sabios, los amantes de la lectura y los libros, son aquellos observadores del mundo. Son aquellos que quieren transformarlo todo por medio de lo único que todavía puede salvar a cualquier persona: la palabra.

Personas como tú, como él o ella... como yo, como nosotros. Como aquellos que quieren un cambio verdadero, como aquellos que quieren dejar de repetir parámetros obsoletos que refieren a un mundo de lo correcto, de lo que está bien o no. Esto es para aquellos que quieren ubicar un mundo en un tiempo indefinido y llevarlo a dimensiones inimaginables, para aquellos que descontextualicen el contexto. Aquellos que todavía conservan destellos de imaginación que les ayuda a evitar la realidad manipulada. Esto es para aquellas personas que todavía creen que el cambio existe, porque entienden que los signos de puntuación no son más que signos que describen el tiempo, y para aquellos que entienden que una sociedad todavía puede generar una transformación completa, si entiende de sintaxis.
 
Esto es para aquellos que alzan la voz, que no se quedan callados. Para todos los que tienen algo que decir. Porque los libros describen momentos del pasado, porque las letras guardan lugares, instantes, emociones, pensamientos e ideologías. Porque los libros también hablan, también gritan.


Porque si no quieres escuchar al mundo… también puedes leerlo.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Otra taza de café, por favor



A ti, extraño confidente, amigo. 

Y ahí estabas de nuevo, sonriendo, alejándote, acercándote - como de costumbre  temeroso y desconfiado. Tus huídas y regresos no eran nuevos para mí. No vengo ante tí con un reproche, un llanto manipulador o palabras fingidas que de nada sirven en este instante. Evidentemente no era el momento, y es verdad, no estamos para perder un tiempo que no tenemos: sin mentirnos, todo volverá a ser como antes. Tú, te olvidarás de todo, mientras yo echo de menos al incauto, novelero y apasionado hombre que conocí. mientras le leía mis letras, sentados en un café. 

Habrá más personas, más rostros: acertaremos, nos equivocaremos de nuevo. Entenderemos muchas cosas, y seguiremos negando otras. Me resbalaré con tu voz que se diluye con el sonido de tu guitarra, te arrojaré al fondo, en silencio y con palabras tiernas, limitaré la tentativa, escasa, casi inútil sequedad ante tí. Interpretaremos de manera subnormal las nuevas reglas, los nuevos pactos, palabras desconocidas con mejores y altivos significados presuntuosos, se harán presentes entre nostros, como una barrera que vislumbramos desde el prólogo, y entendimos en nuestro inminente epílogo. 

Siempre reapareces con alusiones directas, impides la llegada de mis ansiedades, de mis manías: las soportas, no las soportas, las cuestionas mientras me compartes melodías, que me dicen lo que tú nunca te atreviste a sostenerTe volvería a decir cada una de las palabras que has escuchado de mi, lo haría así, o de otras mil formas similares. Pero ya no nos quedan fuerzas, nuestras extremidades están cansadas, huyen con el movimiento del reloj. 

Intento -inutilmente- entenderte, me vuelvo vulnerable hasta límites que jamás creí permitirme. Las fotografías  siguen proyectándose en cámara lenta, fingiendo una pausa que nunca existió. Me dices taciturna, y se vuelven un vicio las palabras desconsideradas entre nostros, cierras los ojos para guardarte de mi. Y yo leyéndote poesía, y tú haciendo promesas, mientras das una vuelta al mundo que no demorarías en perseguir. 

Ahora viviré cómoda en tu recuerdo, como un choque utópico en tu vida: echándote de menos y disfrutando de tu huída. Seguiré cuestionando los días que no transcurrieron por nostros, e imaginando los besos que no nos dimos, y arrancándome el insomnio por las partidas. Inventaré nuevas historias, negociaremos nuestras visitas, discutiremos -como es costumbre- por estupideces que terminen en frases echas, cargas de romanticismo. 

Cambiarás mi Ciudad por la tuya, me harás -de nuevo- mirar objetivos reales, me vestirán tus palabras bonitas: tus escondites y tu repentino fantasma que se aparece sin decir una sola palabra, te llevarás todo el tiempo en tus manos. Rodarás por las calles de distintas manos, que entrelazan las tuyas, te cubrirás de mujeres que hablen de maquillaje, de zapatos costosos, que se emocionen con una rosa, que canten contigo las canciones de la radio. Y tú, fingirás una sonrisa a cambio de palabras bonitas, y yo voltearé el rostro y guardaré silencio, tú seguirás. 

Claro, podrás olvidar todo cuando termines de limpiar tus lágrimas, mientras yo seco las mías con un poco de café negro y pedazos de hoja. Claro que si, lo entiendo, encontraremos la palabra precisa, el momento justo. Nos temblarás los dedos mientras escribimos cartas que jamás entreguemos. Tomaremos las decisiones sencillas y contaremos cuentos largos, y me convertiré en la mujer inevitable, y repetirás mi nombre mientras caminas al jardín, mientras te preparas un café, mientras tomas un buen libro o escuchas una melodía que te haga llorar. Tomarás tu vida con dedos firmes, sonreirás y disfrutarás cada minuto, y tal vez, solo tal vez, te acuerdes de mi... 

miércoles, 23 de enero de 2013

Belleza en el aire

A ella: mi amiga y cómplice entre vuelos. 
A Claudia 

 
 Su alama cae en la profundidad de las palabras que hoy escribo, su sonrisa juega con el aire a susurrar sueños. Viaja por la casa semidesnuda y bañada en recuerdos. Le teme a la proximidad del reloj,  pero sobrevive con besos constantes y pasiones incontrolables. 

Esa mirada que atormenta a las estrellas por la irradiante luz que emite.  Sus brazos se calientan y adormecen los temores ajenos. Su figura, su paz y alegría se distinguen cuando la ventana apuñala la sombra. Tiene frío, sube y sube hasta alcanzar el extremo del reflejo nocturno. 

Mujer altiva y despreocupada, coleccionista de muecas y temerosa constante. Se consuela con la muñecas y juega al cuento sin final. Se debate entre el movimiento o la estabilidad de sus pasos. 

Recoge pedazos en blanco para llenarlos de color. Canta con calma, la osadía de encontrarse sola, sola y rodeada de manos. Le salen manos por los ojos, los labios, por la hermosa transparencia de su suave piel. 

¡Despierta, mujer dormida!. Acércate a las calles, y baila en el aire, muestra tus movimientos al mundo que observa la figura que dibujas en el cielo. Deja evidencia de tus pasos por la vida. Rompe el hierro de tus tobillos y vuela

Haz el amor en el aire, emborráchate con licor de memoria, asfixiate de la pasión que se puede tocar, sentir y olvidar; los ríos y los árboles te esperan. Risueña incontrolable, es tiempo de caminar. Te encontraré entre historias y te dibujaré llena de colores. 

Querida mía, no muevas la cabeza para mirarme. Yo estaré siempre, viéndote, abrazándote, haciendo música para que la escuches y creando historias para que las vivas. Tú, llora, ama, ríe y sueña. Antes de que caigas de la cama y te descubras despierta y con los ojos totalmente abiertos. Vive, mientras el día siga regalándote destellos de luz. 

Enero,2013 


martes, 22 de enero de 2013

Tengo miedo de ser mala

Para aquel entonces ya había perdido forma, su nombre se había borrado, parecía que su imagen era un simple espejismo roto. Y por instantes, ella se iba por la vereda a buscar los pedazos que faltaban. Su cuerpo estaba fragmentado.

Yo la observaba de lejos. Me gustaba verla escapar, siempre se veía triste, impaciente por llegar a otro lugar. Su elevado gusto por el café y por la huida, me enamoraron. Amaba verla alejarse, eso era: fugaz, mezquina y egoísta. Y yo, yo era su fiel observadora. La contemplaba en la despedida, la encontraba en el adiós, y sin hallar frases para saludar....se marchaba.

Me di cuenta -muy tarde- que la música que producían sus pasos, se hacia presente en un mundo lleno de movimiento: ¿cómo olvidar su estela, cómo perderme en su titubeante mirada?. Era natural que me amara, que se aferrara tanto a mí, transgredía su propio amor, su imagen, su vida. 

Aún recuerdo mi cabeza inclinada, observando el suelo, esperado ver sus pies de regreso. Mi súplica silenciosa que la inivtaba a volver a mí, pero al mismo tiempo esperaba con ansia su partida. Su inminente despedida. 

El tiempo ya sabía a soledad, a café frío y a colores desteñidos. La vida se volcó en nuestra contra, desnudando nuestras palpitaciones lentas y exponiendo nuestro más grandes temores. Mi imagen ultrasensible por el insípido sabor a vacío, quería seguir pensando que nos amábamos, que no desaparecíamos. Que nuestros cuerpos seguían acostumbrados al salvaje movimiento, a la impaciencia que nos librara de la más terrible y aburrida historia. 

La idolatraba, y esperaba en la agilidad de los ríos, y en la quietud de las rocas, su hermosa figura. Al llegar la noche la vi, ahí, como siempre, incontrolable y terca. Manipulando mi cabeza más allá de lo que mis pupilas construían, más allá del suelo y subyugada locura. Más allá de lo que era ella, de lo que era yo o -peor aún- de lo que éramos juntas.

Ella regresó -después de una larga espera- y pude verla...otra parte de mi. Era yo en mis amaneceres sin rostro, era yo sin temores y entera. Era una mujer escondida en mi sombra, era oscuridad aún con la luz del sol. Era yo en todo y hoy...la veía partir. 



Enero,2013

jueves, 10 de enero de 2013

A ellos


Te escribo para que conviertas mis pensamientos en suspiros .
Te escribo para que la piedra convierta en aire mi voz mermada.
Te escribo, contemplando la imperturbable oscuridad que acaricia la noche y que se encadena a la reluciente pureza de mis manos atadas.
Mis oídos se ensordecen ante la tranquilidad enloquecida.
¿Cómo no perderme ante la elegancia de la súplica?
Todo...tan patéticamente poético. 
Tu salvaje amor desenfrenando palabras y tu frenética sonrisa en el impaciente silencio.

Querido...somos felicidad que se otorga desintegrando las mierdas autocompasivas y el maquillaje malintencionado.
Amoldando las ideologías del inaudito juego de quejas. Somos suspiro, somos infinito, somos un mundo que duele, y mordemos párpados que sangran ante los humos y la pureza del vulgar olor a madera.
Somos poesía juntos y en cuerpo escribimos versos.
Somos amor que prevalece aún con la caída del ocaso.
Somos todo y nada, somos el presente próximo y el pasado olvidado.
Somos la prudencia de un grito moribundo.
Somos jaula sin llave, nubes negras y el umbral inquebrantable que llena la vida.
Somos estrellas en el cielo y mariposas en la tierra.

Somos muerte, somos vida, somos los que estuvieron siempre.
Somos la palabra que se escribe y el violín insonorizado.

Somos amor, vida y explosión. Somos y seremos siempre dos. 
Enero,2013